Enseñar la cara – Escuela EIVIDA

Parece que la obra ha llegado a su fin, o al menos este episodio de la serie. Aquello que nos ha ocupado dos años de nuestra vida se diluye de una manera extraña… simplemente ya no se nombra. Como serie u obra de teatro, el final es de pena…. con toda la parafernalia bélica con la que nos han breado. A pesar de ello, no acaba cual peli de guerra con la celebración de los héroes victoriosos por las calles, los esclavos liberados de sus cadenas entonando cánticos de agradecimiento… No, simplemente pasamos a otra serie y ésta sí es de guerra “y ahora es de verdad”, oímos…

Recibimos llamadas de ONGs apelando a esa verdad. Ahora sí hay gente que lo pasa mal, “mujeres y niños” -me dice una amable interlocutora el otro día. Se ve que los hombres que saltan por los aires dan menos pena, se ve que ellos sí eligen su destino y tienen lo que se han buscado.

Mientras, los suicidios se disparan. Los chicos de los institutos tienen pánico de quitarse la mascarilla y mostrar sus caras al mundo porque en esta victoria que hemos obtenido siguen sin tener lugar los feos, los que tienen acné, los gorditos, los que no tienen una dentadura perfecta… Esos mismos muchachos y muchachas que están aterrados de que se les vea, abuchean un cuento que quiero narrarles en un instituto porque es ruso. Les hablo de Tolstói, un tipo que dijo:

“A un gran corazón, ninguna ingratitud lo cierra, ninguna indiferencia lo cansa”.

No saben quién es. Les hablo de Dostoievski, otro ruso que desconocen, que dijo:

“Sobre todo no te mientas a ti mismo. El hombre que se miente a sí mismo y escucha su propia mentira, llega a un punto en el que no puede distinguir la verdad dentro de él, ni a su alrededor y, por lo tanto, pierde todo respeto por sí mismo y por los demás. Y al no tener respeto, deja de amar”.

Cuando los estudiantes del instituto escuchan el cuento de la tradición oral, ríen, se emocionan y aplauden mucho al terminar, porque el cuento muestra su rostro sin vergüenza y les deja sentir que fue creado para ellos, que les tuvo en cuenta, que alguien pensó en ellos -aún sin conocerles- hace cientos de años. Que alguien les nombró sin saber sus nombres. Les vio, sin conocer sus caras. El cuento no miente, no tiene vergüenza. Y les hace reír.

“Si deseas vislumbrar dentro de un alma humana y conocer a un hombre, no te molestes en analizar su forma de estar en silencio, de hablar, de llorar, de ver cuánto se conmueve con ideas nobles; obtendrás mejores resultados si sólo le miras reír. Si ríe bien, es un buen hombre” – Dostoyevski.

Si este artículo os desesperanzó, olvidaos… la risa de esos chicos y chicas me calmó. Todos y todas eran buenos hombres y mujeres.

El siguiente capítulo, está por escribirse.

 

(English version)

To show our face – Escuela EIVIDA

It seems that the piece of work has finally reached to an end, or at least this episode of the series. What kept us busy for two years of our lives has diluted in a quite strange way… it is simply no longer named. As every series or play, the end is sad… with all the war paraphernalia with which we have been fed. Despite this, it doesn’t end like a Hollywood war movie with the celebration of the victorious heroes in the streets, slaves been freed from their chains singing thanksgiving songs… No, we simply move on to another series and this one is about true war «and now it’s real”, we hear…

We receive calls from NGOs appealing to that truth. A friendly interlocutor told me the other day that now there are people who are having a bad time, referring only to «women and children». It seems that those men jumping into the air are less painful, it looks like they have chosen their destiny and have been looking for.

Meanwhile, suicides considerably increase. Boys in high school are terrified to take off their masks and to show their faces to the world because -in this victory that we have obtained- there is still no place for ugly people, for those who have acne, the chubby ones, those who do not have perfect teeth… Those same boys and girls who are terrified of being seen, say “boo” to a story that I want to tell them because it is Russian. I’m talking about Tolstoy, the guy who said:

“To a great heart, no ingratitude closes it, no indifference tires it.”

They have no idea who he is. Then, I talk them about Dostoyevsky, another Russian, who said:

“Above all, don’t lie to yourself. The man who lies to himself and listens to his own lie comes to a point that he cannot distinguish the truth within him, or around him, and so loses all respect for himself and for others. And having no respect he ceases to love”.

When this high school students listen to the story of the oral tradition, they laugh, get excited and applaud a lot at the end. The reason is because the story shows their face without shame and makes them feel that it was created for them, that they were taken into account by someone that thought about them -even without knowing them- hundreds of years ago. That someone named them without knowing their names or knowing their faces. This story does not lie, it has no shame. And it makes them laugh.

“If you wish to glimpse inside a human soul and get to know a man, don’t bother analysing his ways of being silent, of talking, of weeping, of seeing how much he is moved by noble ideas; you will get better results if you just watch him laugh. If he laughs well, he’s a good man”. – Dostoyevsky.

If this article took away your hope, forget it… the laughter of those boys and girls calmed me down. They are all good men and women.

The next chapter is yet to be written.

 

Encarna de las Heras

 

EIVIDA Escuela de Intuición y Vida

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