Entrevista a Encarna de Las Heras – Actriz / Cuentacuentos / Co-directora de EIVIDA

Os presentamos a una de nuestras columnistas más queridas, Encarna de las Heras. Aunque la mayoría de nosotros ya te conocemos, ¿puedes darnos unas pinceladas generales sobre ti para que nuestros lectores te conozcan un poquito mejor?

Soy una mujer de 52 años que tiene la suerte de trabajar en dos actividades que me fascinan y llenan: soy actriz y dirijo una escuela de desarrollo intuitivo, una escuela de autoconocimiento. Nací en la Mancha, pero vivo desde hace muchos años en Ibiza, últimamente, paso mucho tiempo en otra tierra hermosa que es País Vasco. Tengo una casa muy pequeñita, una gatita negra y, por supuesto, comparto muchas risas, locura, creatividad, noches de cine, charlas literarias y, por supuesto lágrimas y enfados con un hijo espléndido, que ya es un hombre.

En tu vida, el humor es un elemento vital. Pareciera que hoy existen temas tabúes de los que no se puede hablar “ni en broma”, nunca mejor dicho. ¿Qué piensas sobre ello?

Puedo entender que hay momentos sensibles en la vida de una persona en los que el dolor le impide dar espacio a la risa, pero eso es temporal y al final… es la risa la que te puede sacar del bucle del sufrimiento. Eso es comprensible en el plano individual, pero en el plano colectivo, cualquier intento de cortar el humor, el distanciamiento, es, en realidad, un ejercicio de arrogancia y de manipulación intolerable.

Un amigo clown llevaba escrito en su furgoneta “Todos somos idiotas. Tú, también” Me parece una auténtica genialidad. Cuando las instituciones, la política, la religión, cualquier estamento decide ponerse y ponernos serios, está allanando el camino para atemorizarnos y controlarnos.

Llevas muchos años haciéndonos reír y transmitiendo importantes enseñanzas a través de los cuentos, tanto para niños como para adultos. ¿Es cierto que la censura “ha vuelto”?

La censura nunca se fue, sólo que la de ahora está envuelta en un halo de “buenismo” y de progresismo, lo que es muy peligroso. Nunca antes, en mi trabajo de narradora, me habían pedido tanto explicar lo que voy a contar. Y los que antes te censuraban eran viejos conocidos: la iglesia, la derecha reaccionaria: no hables de Dios, no hables del gobierno, no hables del rey (y se ha hablado, porque eso es lo que tiene la censura y los censores, que son estúpidos). Cuando viene de esos lugares, te lo esperas. Pero ahora, no puedes hablar de princesas y príncipes, no puedes hablar de animales que se comen a otros animales, no puedes hablar de comer chuches, porque el azúcar es el nuevo demonio. No hay cojos, ni tontas, ni sordos, ni gordas… y claro que los hay, pero te tienes que pasar el tiempo viendo cómo se les llama para que no ofenda su existencia, para fingir un respeto que tendría que traducirse en una inclusión real y no desde el lenguaje y los cuentos.

Las historias no crean la realidad, son un reflejo de la misma. Todos tenemos que ser elevados y no violentos… un aburrimiento mortal y una mentira de las gordas.

En cualquier caso, cuando observas a los nuevos censores ves que son exactamente igual que los anteriores: ignorantes.

En estos tiempos de incertidumbre y “locura” ¿Qué sentido tiene para ti la Libertad?

Bueno, es una pregunta demasiado grande para una “idiota” como yo, pero trataré de responder algo. Para mí la libertad tiene que ver con asumir tu responsabilidad ante la vida, tratar de ser coherente con tu visión del mundo. Libertad significa no dejarte comer por el miedo a la supervivencia, que siempre tendremos, porque somos humanos, pero el reto es que no nos devore ese sentimiento. Libertad para mí es estar con los otros porque quieres y no porque los necesitas, saber que siempre puedes elegir. Porque puedes elegir dónde y cómo posicionarte internamente. Es lo que en los cuentos se explica como: “no vender tu alma al diablo”.

Libertad es confiar en que tú puedes saber y no hay nada superior a ti, que sepa más que tú sobre ti mismo y tu vida. Que no hay verdades absolutas y tus verdades tampoco lo son. Libertad es saber que tienes derecho a existir, pienses lo que pienses y que los demás también lo tienen aunque no piensen como tú.

Libertad es lo contrario de sentirte víctima de algo que se presenta como superior a ti.

Explícanos, a qué te refieres con movimiento de “Religión” como sistema de organización.

Estoy leyendo un libro muy interesante de Javier Reverte que se llama “Venga a nosotros tu reino”. Habla de los movimientos de acercamiento que se iniciaron en Italia durante la Segunda Guerra Mundial entre cristianos y comunistas para combatir al fascismo. También llegaron a España pero no pudieron triunfar porque en Italia la Iglesia no se posicionó en masa frente al fascismo como ocurrió en nuestro país. En el libro, un personaje siniestro (que existió realmente) explica cómo la religión debe ser la dueña y administradora absoluta del concepto de culpa, porque ese es el camino del poder.

Todo lo que estamos viviendo ahora es un espejo claro de ello. Ahora la ciencia, la política, las ideologías se tratan de apropiar de ese concepto. Somos culpables de la muerte de los ancianos, del colapso de los hospitales, del hundimiento de la economía. Somos culpables por querer reunirnos, por no vacunarnos, por no pensar como se nos dice, por querer follar o bailar. Somos culpables y la culpa nos somete y el poder tiene más poder. Somos culpables porque nos morimos y los otros se mueren. A partir de ahí… terrenos abonados para que los señores de la culpa, nos manejen a su antojo. ¿Qué ocurriría si no creyéramos en el concepto de culpa, sino en el de responsabilidad ante nuestros actos? No sé, tal vez no habría esa entrada para el poder. La religión (que son todos los “ismos”) no tendría sentido.

Hablas de la necesidad de que haya más individuos frente a tanto individualismo. ¿Nos puedes explicar?

Oigo muchas veces que estamos en una sociedad de individuos y creo que hay una confusión entre el individualismo (el no sentirte parte de la historia de los otros y preocuparte solo de tu supervivencia, que es, para mí, el sentido de este individualismo) y el sentirte un individuo entre otros individuos. Ojalá hubiera más individuos, más seres pensantes, más ovejas negras. El individuo necesita a los otros para comprenderse, le resulta imposible alejarse de los otros, porque no tendría referencia. El individualista sólo tiene miedo de los otros, no los quiere en su vida. El individuo se mueve en el campo de lo colectivo, de la cooperación. No puede excluir al resto, porque se estaría excluyendo a sí mismo. El individuo protesta cuando siente que hay algo que está tratando de anular a otros individuos. El individualista piensa en su comida, en su techo, en su propia familia, en su clan, en su país… y parece que no, porque está con otros individualistas.

En estos tiempos en los que tocarse, verse en persona, intimar, etc. parece ser “peligroso” ¿Cuál es tu visión del amor actual?

Una vez escuché una frase que me impactó mucho, decía: “el amor es para valientes”. Ahora nos hemos puesto condones que ocupan todo nuestro cuerpo y nuestra alma. Tocar al otro es peligroso, da miedo. Y no sólo físicamente. La conexión profunda da miedo, el quedarse un ratito para ver qué pasa da miedo, el apostar por algo o alguien nos da la sensación de que nos pone fuera del mercado donde se ofrecen miles de posibilidades que son tomadas como una presunta afirmación de individualidad cuando, la mayoría de las veces, son una manera de escapar.

A mí no se me ocurrió esta definición, que considero muy acertada, pero estamos ante el capitalismo del amor: mucho, variado, rápido consumo… y la espiritualidad, no favorece mucho tampoco… el amor de verdad es el perfecto, la conexión cósmica… No sé, a veces pienso que la vida no va sólo de amor, sino de huevos y ovarios. Pero yo soy muy básica.

Ahora hablamos de la familia y la educación de los hijos. ¿Cuál es tu visión?

Yo no soy muy fan de la familia y reconozco que la crianza ya me queda lejos y me aburre bastante. Como señora que ya podría ser abuela, me resulta difícil ver como los padres y las madres siguen a sus hijos y los ponen en el centro de sus vidas. Cómo los padres y madres invaden el espacio de las escuelas (y sé que me van a odiar) pretendiendo saber más que un profesional sobre cómo educar. Y, sí, la educación puede ser una mierda, pero que tú sepas hacerlo mejor y, especialmente con tus hijos es… cuando menos arrogante.

Mis padres no fueron violentos conmigo y yo crecí sabiendo que yo era una niña y no podía inmiscuirme en el espacio de los adultos. Igualmente, mis padres me dejaban mi espacio de niña, cosa que ahora se entendería como desatención. Pero para mí, pelearme en la calle con mis coetáneos me sirvió para aprender a gestionarme. Saber que mis padres tenían trabajo y que por eso comíamos y tenía que adaptarme a esa realidad, me sirvió de adulta para tener los pies en tierra. Aburrirme, porque mis padres no sabían nada de estimular a los niños, me ayudó a ser creativa, que mis padres me enseñaran a no subirme a la mesa de un restaurante, a no pasar por delante de los mayores en las puertas, a no comer de los platos de los demás con las manos… no me castró, me enseñó respeto, un respeto que ahora demando para mí.

Aunque parezca increíble, hay personas que después de lo vivido se han acostumbrado a hacer su vida sin salir de casa. Vivir el mundo a través de una pantalla…

No es tan increíble… esto ha ido gestando muy poco a poco y ha calado inmensamente. Es el condón del que te hablaba. Ya sabemos que el cerebro no detecta como del aquello que ve en una pantalla. Por otro lado, la comodidad que nos proporciona no salir de casa nos hace creer que somos libres, porque usamos un botón y porque no nos hacemos cargo de cómo el entorno reacciona a tus actos, porque no lo ves. La pantalla te convierte en un 007, con licencia para matar. En realidad, la pantalla nos facilita consumir objetos, relaciones, cursos, información…

¿Cuál es el papel de EIVIDA, Escuela de Intuición y Vida en la actualidad?

No lo sé. Sólo sé que esta escuela es un lugar para el encuentro, para aprender quienes somos y cómo nos relacionamos. Es una escuela que te acompaña en tu vida. Es un lugar divertido. No queremos que sea muy grande, no queremos, creemos que tenemos una misión. Si tomamos el lema de mi amigo “Todos somos idiotas, tú también”, pues la escuela es un refugio de idiotas, que, aunque no estemos en extinción, si necesitamos ser una especie protegida.

 

Muchas gracias Encarna por este rato compartido. Por tu apoyo incondicional desde los principios de AARTI. Por tus fantásticos artículos que reflejan tu integridad, humor e ironía. Esperamos seguir disfrutando de tus textos por mucho tiempo.

Gracias a ti y tu entusiasmo, tu inteligencia y tu dulzura, Helena. Hermanita de leche (de mala leche, también).

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