Cuando la vida no es bastante… – Escuela EIVIDA

Desde hace algunos años, la escuela tiene una rama en País Vasco.

Para mí, es un placer inmenso impartir clases allí, porque adoro la manera de ser de ese pueblo y porque siempre he sentido algo familiar y cercano por aquellas tierras, algo que me pertenece y que consigue hacerme olvidar los cielos plomizos y el perpetuo txirimiri.

La última vez que estuve por allá, una buena amiga, me invitó a visitar una exposición en Donosti sobre la muerte. Era una excelente exposición, tanto en su estética como en su concepción. Al final de la misma había un vídeo instalado donde se recogían testimonios de todo tipo de personas de diferentes edades, profesiones, confesiones religiosas… a las que se les preguntaba sobre varios temas. De todo lo que vi y escuché, un hombre me impresionó particularmente. Era sencillo y, aunque no recuerdo su profesión, sé que no era un terapeuta, un profesor o un filósofo, como otros que también aparecían en las pantallas cambiantes.

La cuestión era sobre si hay vida detrás de la muerte. Este hombre decía que, el más allá era un invento para tratar de revalorizar la vida: si la vida es un tránsito hacia algo mejor, entonces merece la pena y puedes aguantarla. Él, con sus manos grandes y de gestos claros apostillaba unas hermosas palabras: la vida ya tiene suficiente atractivo para desear vivirla tal y como es.

Desde que vi aquello, estas palabras han vuelto a mí varias veces por distintas razones y he reflexionado mucho sobre una sociedad que todo el rato trata de maquillar y mejorar algo que es inmejorable: la propia vida.

Vivimos tiempos en los que queremos más que nunca que todo sea perfecto

vida

Tal vez no más que antes, pero ahora, hay más, más de todo y se puede desechar cualquier cosa con una rapidez pasmosa. Escucho a jóvenes parejas que están muy preocupados porque su relación no marcha bien después de tres, cuatro años. Se quieren, son buenos compañeros, se ríen juntos, se dejan espacio para que cada uno haga lo que desea… les miro ojiplática pensando… “Y, entonces, ¿cuál es el problema?”  Ya… nadie les contó que una parte fundamental de cualquier relación es… el aburrimiento… la rutina… la tranquilidad…

Debato con unos amigos, una vez más, sobre su asiduidad a las ceremonias de plantas y animalejos, que, como si fueran cosecha de temporada o criaturas migratorias, aumentan de densidad poblacional en cuanto llega el verano isleño. Me interesa mucho su experiencia y me comentan la inmensa sensación de conexión con el todo que se siente. Les comento, que esas sensaciones son posibles sin tomar nada y ellos me dicen que sí, que lo han experimentado también, pero que no es tan intenso. Entiendo que para todos es bueno sentir por un momento que la vida es multidimensional, que hay mucho más que lo que se ve… pero una vez que lo has visto… ¿no es posible ir hacia un paisaje que ya conoces tú solito? ¿O es que lo que deseo sentir es más vida dentro de mí? ¿Es que la vida no es suficiente?

Todo es una experiencia vital, por supuesto. El éxtasis, la intensidad, el brillo… pero también el aburrimiento, la calma, la nada… quizás es algo interior lo que puede deslumbrar a través de las brumas de lo gris. Quizás podemos valorar también un suave tarareo y no sólo el canto operístico, el movimiento leve siguiendo el ritmo de la música y no sólo las sacudidas y los aspavientos grandilocuentes. Quizás podemos valorar una leve sonrisa y no sólo las carcajadas salvajes.

Tal vez, yo, que nací domesticada y nací en monótonos campos de aburrida hierba, después de dejar de comer y de darme atracones de comida, vuelvo a apreciar el ruido tranquilo de los caballos al masticar y el movimiento constante de las mandíbulas de las vacas rumiando.

La vida puede parecer aburrida si sientes que cada día es lo mismo: amanece, el sol alcanza su cenit, atardece, el astro se esconde y empieza la noche, día tras día, noche tras noche. Pero si uno se deja mecer por ese movimiento eterno… puede sentir que en esa constante hay tanta vida como en un charco de agua estancada. Es cuestión de mirar bien.

 

Encarna de las Heras

 

EIVIDA Escuela de Intuición y Vida

Finca Ecológica, Carretera de Ibiza a Santa Eulária km 3,3

666 66 34 77
www.eivida.com
eivida.ibiza@gmail.com

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