El Mundo del Hombre Moderno – Helena Cuerva

“… Un día por designio de los ancianos, bajé al mundo del hombre moderno, me sumergí en su vida completamente, a menudo sin entender lo que pasaba; tiempo después, cuando tuve que regresar, antes de volver a contar a mis hermanos lo que vi, decidí ir a la montaña…

He visto cómo el pie de los hombres del mundo se ha vuelto suave como el de un niño recién nacido y que no le sirven ya para caminar sobre el sagrado suelo; he visto pieles tan blancas como las nieves de las montañas, de tanto esconder el cuerpo con extrañas pieles multicolores impidiendo que el Tata Inti lo fortalezca; he visto al hombre moderno esconderse de la lluvia, nuestro personaje favorito…

Me dijeron que antes había árboles, mariposas, aire puro, ríos cristalinos; me dijeron que antes la gente era sencilla y conocía el lenguaje de las flores, que también cantaban al amanecer y despedían el día danzando, me dijeron… tantas cosas me dijeron que la emoción llenó mis ojos y oí, oí sin cesar, oí con fervor, oí con mejillas humedecidas, oí con los ojos cerrados, oí en ésta y en la otra realidad… y cuando abrí los ojos todo había desaparecido, quedando sólo en mí, la sensación, la certeza de haber tenido antepasados que hablaban un lenguaje común, ese idioma que en el día hablan los árboles y en la noche las estrellas…

He viajado por tus calles y aún me duele recordar lo que he visto…

Conocí a un hombre, allá abajo, en el mundo; un hombre joven que trabajaba tanto que no le quedaba tiempo para vivir, lo extraño era que no precisaba trabajar tanto, pues tenía todo y de sobra. Conocí un anciano que no tenía sabiduría, extraño anciano aquél, que se pasaba el tiempo lamentándose de lo que no hizo, de lo que no le permitieron hacer, de las oportunidades que perdió, de la vida que no pudo vivirla, un anciano, casi un cadáver, rumiando frustraciones sentado al borde de la vida… Conocí a una mujer que tenía todo menos felicidad… conocí una pobre rica con hijos que se habían marchado, con un esposo que con negocios casi nunca estaba en casa, fue allí donde conocí el aburrimiento en cuerpo entero… Conocí mujeres que desconocían el orgasmo y hombres que ignoraban completamente la función sagrada del sexo, como sendero de aproximación a la comprensión de nuestro origen divino; conocí gente descontrolada incapaz de soportar el mínimo dolor, incapaz de controlar sus emociones y reacciones, sus sentimientos y pensamientos, conocí gente que compra lo que no necesita, que piensa lo que le hace daño, que daña a los demás como una forma de estar bien, gente que no cree en nada, ni siquiera en sí mismos, gente que miente y se miente sin rubor ni pena, gente que destruye en nombre del progreso…

El resultado de haberse olvidado de la Pachamama es una vida donde la vida está ausente, y sin ella el hombre es apenas un cadáver con apetito, incapaz de amar el lugar en el que vive o sentir el estado de ánimo de la Tierra… Nosotros sabemos que el hombre del mundo está pagando la factura por su irreverencia, tiene todo pero carece de lo más importante; no es feliz, la felicidad es parte de la condición natural y en esa condición todo es armonía, Amor, poder, plenitud, inocencia. Nosotros sabemos que todo lo que se hace a la tierra, afecta al hombre… más allá de lo visible, pervive lo invisible…

Al hombre del mundo le falta corazón, pues todo lo hace desde la razón. Siento que la razón del hombre del mundo ya no tiene razón, quizá nunca la tuvo…

Los ricos y los pobres están de acuerdo en un recalcitrante egoísmo, ferviente individualismo que los condena a vivir aislados, aferrados a sus cosas más sin descubrir la vida plena; su vida carece de música, no danzan cuando están bien, ni siquiera cuando están mal… ni viven lo que saben, quizá porque lo que saben no sirve para vivir…

Algunos se preocupan de lo que viene después de la muerte y se olvidan de lo que tenemos antes de morirnos; creen que es importante hacer muchas cosas en vez de hacer menos plenamente… comienzan a temer lo que aún no llegó, olvidándose del único tiempo real: el instante que su instinto adormecido ya no atrapa…

Si el hombre comprendiera el motivo de su paso por este mundo, comenzaría a reformular su vida completamente, otra sería su meta; y sus pasos se dotarían de una plenitud natural, no fabricaría basura ni se pasaría el tiempo haciendo tonterías… cuidaría su cuerpo para que sea una ágil canoa del alma, y no una cómoda prisión del espíritu. Se dedicaría también a dominar su mente… para poder acceder a las otras realidades.

Hermano, guarda silencio al comenzar el día, para que también dentro tuyo nazca un sol; guarda silencio, enseñarás mucho más que llenando el espacio con palabras…” (*)

Gracias a una querida amiga me llegó esta joya de libro que me hizo emocionar, reflexionar… Este confinamiento lo he gestionado de una forma profundamente introspectiva, meditativa y en escucha interna. En estos más de cuarenta días he vivido un huracán de emociones y sentimientos que he aceptado, abrazado, llorado, gestionado… no ha sido fácil.

Cuando salga de nuevo “al mundo del hombre moderno” sé que mi visión va a ser totalmente diferente, ahora soy otra persona más yo/más nosotros, más simple, más humana, más consciente… No es el fin del mundo, es el inicio de uno nuevo.

 

Helena Cuerva

(*) Adaptación y extracto del libro “Ecología Chamánica Kaypacha” de Luis Espinoza (Chamalú). Es un libro extraño, amoroso y duro, lleno de ternura, de sabiduría y a la vez de una lapidaria descripción del mundo occidental, desde la óptica de un nativo de los Andes.

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