Entrevista especial a Santiago Beruete

Filósofo, antropólogo, profesor y escritor de los libros “Jardinosofía” y “Verdolatría”

Buenos días, Santiago. ¿Podías darnos unas pinceladas generales sobre ti?

Nací hace 58 años en Pamplona. Estudié filosofía en la universidad del País Vasco. Después, me formé como antropólogo y me doctoré en Madrid con una tesis titulada “Los jardines de la utopía: ética, estética y política”. Desde muy joven he escrito poesía, narrativa y ensayo. He publicado obras de difícil catalogación como el “Libro del ajedrez amoroso”, que ya anticipan la mezcla de géneros y el intento de trasmitir el gozo de pensar creativamente al lector de “Jardinosofía” y “Verdolatría”, ambos publicados por la editorial Turner.

¿Por qué hacer de Ibiza tu hogar?

Vine hace unos 25 años con la idea de refugiarme una corta temporada para escribir, atraído por el aire bohemio de la isla, y me quedé. Me atrapó la libertad que se respiraba, la sencillez cosmopolita de la vida cotidiana, el clima mediterráneo y la amable naturaleza de esta arcadia rodeada de mar.

¿Cómo aparece la filosofía en tu vida y por qué haces de ella tu forma de vida?

Creo que adopté la duda como aliado, el espíritu crítico y la búsqueda constante mucho antes de que supiera que me iba a dedicar a la filosofía de forma profesional.
Fui un niño y un adolescente inadaptado, en conflicto con sus orígenes, que hacía y se hacía preguntas incómodas. Ese desconcierto existencial me condujo por el camino del pensamiento…

Un profesor muy especial para ti supo ver que se “escondía” en el interior de Santiago, un adolescente rebelde, y te sumergió en el mundo filosófico y poético…

Sí, así fue. Era el señor Ororbia, un entrañable profesor de Lengua y Literatura, que harto de expulsarme de clase por mis insolencias, se interesó por saber quién era en realidad, y acabó convirtiéndose en algo parecido a un mentor para mí. Creo que empecé a escribir poesía para agradarle, para ganarme su admiración y aprecio. Y él correspondió a mi recién adquirido respeto, prestándome libros y llevándome a conocer a escritores, pintores y otras gentes de la bohemia artística en tertulias que se alargaban hasta la madrugada. Sin ese encuentro, mi vida probablemente hubiera sido otra.

Ante todo te declaras profesor. ¿Qué te aporta la docencia? ¿Puede que quieras ayudar a los chicos como en su día te ayudaron a ti?

No siempre fue así. Con los años, descubrí que disfrutaba con la docencia. Me resultaba fácil leer el pensamiento a los chicos enfadados con el mundo y hastiado del instituto. Y ayudarles a encontrar su camino también me hacía bien a mí. Las aulas son uno de los lugares donde el trabajo cobra sentido y valor para mí. Las clases son el campo de batalla de las contradicciones sociales y la trinchera donde se libra la contienda principal por la libertad de los futuros ciudadanos.

¿Cómo hacer que se interesen los chavales de hoy en día por la filosofía?

No tengo la receta para solucionar la crisis educativa. Modestamente intento llevar el asombro a las clases, la emoción filosófica por excelencia, y ser honesto con los chicos y conmigo mismo. Procuro que se diviertan reflexionando, que no haya temas tabúes, ser coherente y predicar con el ejemplo. Cualquier asunto cotidiano, tomado de la realidad inmediata, por muy trivial que parezca, sirve de pretexto para lanzarse a pensar o, lo que es lo mismo, a jugar con las ideas.
De repente todos los pilares de tu vida se vienen abajo. Sin saberlo, te sumerges en la naturaleza y esto hace que superes este momento personal tan duro…

Creo que todo el mundo me entenderá si digo que me enfrenté a una grave crisis personal, que puso patas arriba mi vida entera. ¿Quién no ha superado algún momento de esos en que, por culpa de una enfermedad, la muerte de un ser querido, un divorcio o cualquier otro tipo de pérdida, debe mudar de piel, refundar su vida, transformarse en otro para poder seguir siendo él mismo?

¿Cuál fue el principal aprendizaje que tuviste en esos 10 años de cultivo y cuidado de tu jardín?

El jardín nos enseña a cultivar la mirada interior y exterior. Salir al jardín o al huerto supone entrar dentro de uno mismo. He aprendido muchas valiosas lecciones de vida cultivando, pero la más importante tal vez sea la humildad. Esta palabra deriva, del vocablo latino “humilitas”, que comparte la raíz con el término “humus”, que es la tierra negra de plantación. Así que se podría traducir libremente vivir humildemente como vivir apegado al suelo. Quién cuida de un jardín o un huerto aprende que no está solo, que debe someterse a los ritmos estacionales y los ciclos de la naturaleza, y cobra conciencia también de su insignificancia…

Cuidando de tu jardín, entiendes que los grandes filósofos que has estudiado escribieron sus palabras en espacios ajardinados y sientes algo hermoso… cobran otro significado.

Cuando bajaba de la atalaya, del palomar donde escribía y leía, a la tierra, y dejaba de cultivar el pensamiento para cultivar hortalizas y plantas, las palabras de los viejos filósofos resonaban en mi cabeza de otra manera, cobraban un nuevo sentido y me decían cosas que antes no acababa de entender. Tendemos a olvidar que la Academia platónica, el liceo aristotélico, el Jardín de Epicuro, el gimnasio de Cinosarges donde enseñó Antístenes, eran jardines parecidos a parques. Esos oasis de verdor han sido no solo un espacio privilegiado para la enseñanza de la filosofía sino un vehículo de transmisión de ideas y saberes.

¿Quién es Santiago Beruete después de ese “retiro” espiritual trabajando en el jardín?

Dices bien, durante los años que tardé en ajardinar un trozo de bosque realicé mis particulares ejercicios espirituales. Levantar muros, limpiar el terreno, plantar árboles,… fueron parte de las técnicas de desenmismamiento y concentración en el presente. Creo que, actualmente, soy una persona más humilde, desprendida y satisfecha consigo misma, que aspira a la sobriedad feliz y la simplicidad voluntaria.

A raíz de esta experiencia comienzas a investigar, buscar todo lo relacionado con jardines y filosofía. Así nace tu libro “Jardinosofía”

“Jardinosofía” lleva un elocuente subtítulo: Una historia filosófica de los jardines. Y pretende contar las estrechas, y casi clandestinas, relaciones entre los jardineros y los filósofos desde el comienzo de la civilización hasta el presente, partiendo de la idea de que el jardín es una metáfora visual de la felicidad. Esos oasis de verdor nos dicen
muchas cosas acerca de cómo concebimos una buena vida y la manera que los humanos tenemos de relacionarnos con nuestros semejantes y el entorno natural. En los jardines reverberan nuestros ideales éticos, estéticos y políticos.

Según “Jardinosofía”, ¿cuál es la situación que está viviendo Ibiza actualmente?

Muchos de los atractivos que tenía Ibiza cuando yo llegué han desaparecido o están en trance de desaparición: tranquilidad, sencillez, vida barata,… Mi geografía sentimental de la isla está sufriendo una dolorosa mutación: desaparecen parajes naturales de una belleza intemporal para formar parte de la escenografía de un turismo de ostentación. Tan cierto como que Ibiza se ha convertido en una marca de lujo y un destino privilegiado del hedonismo internacional, es que nuestra isla siempre ha sabido sobrevivir a todas las modas, anticipar los cambios y metamorfosearse para sobrevivir a su propio éxito.

¿Cómo nos explicarías la incoherencia del ser humano en relación con la naturaleza?

Veneramos la naturaleza, pero estamos en guerra con ella. A las sociedades tecnocráticas, les fascina “lo verde”, pero participan activamente en su destrucción.
Sabemos en nuestro interior que no somos los dueños del planeta, pero continuamos depredando sus recursos y comportándonos con imprudente temeridad. Asumimos que el crecimiento económico no puede ser ilimitado, pero nos resistimos a vivir por debajo de nuestras posibilidades. Somos naturaleza, pero también su peor enemigo. La verdolatría retrata nuestra ambivalente y contradictoria relación con la Tierra.

Tu libro “Verdolatría” tiene un subtítulo: “La naturaleza nos enseña a ser humanos”

Es un gran error pensar que somos superiores a las plantas… El ser humano no está solo. Comparte este planeta con muchos otros seres vivos, más del 90 % de los cuales son plantas. Todas las formas de vida están íntimamente hermanadas, mantienen un incesante diálogo las unas con las otras, sobre el cual no podemos decir que sabemos lo suficiente… Si las plantas desaparecieran de la noche a la mañana, no viviríamos para contarlo. Pero si nosotros nos extinguiéramos de pronto, las plantas seguirían su andadura como si tal cosa, sin inmutarse. A la vista está quién es superior…

“Verdolatría” se divide en cuatro preguntas vitales. ¿Cuáles son y dónde nos llevan sus respuestas?

La falsa ilusión de que la respuesta a todas nuestras preguntas se encuentra a un simple golpe de clic se contrapone a la filosofía, según la cual las preguntas siempreson más importantes que las respuestas. Y no solo porque estas nos hacen avanzar colectiva e individualmente, sino también porque rebajan nuestras pretensiones y nos sirven de cura de humildad. De ahí que Verdolatría se articule en torno a cuatro interrogantes esenciales que, antaño como hoy, representan los puntos cardinales de una filosofía perenne: Qué puedo conocer, cómo vivir, qué me cabe esperar y qué significa ser humano.

Muchísimas gracias Santiago por esta entrevista tan interesante. Ha sido un placer conocerte. Estoy segura de que vamos a seguir viéndonos y conversando.

Te doy las gracias Helena, alma mater de la revista Aarti, por ser una interlocutora cómplice en este viaje mental que es toda entrevista.

Santiago Beruete
IG: @santiago_beruete
Fb: @Santiago Beruete Valencia

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david

good!

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