Conectar para vivir – Rocío Palacios

Todo en nuestras vidas es relación y, es justo por ello, por lo que en las relaciones surgen tanto las experiencias fortalecedoras como las debilitadoras. Dependerá del escenario en el que desarrollamos nuestro cerebro social. Así es desde el momento en el que se produce la concepción. Nuestro mismo nacimiento que pareciera que iba a terminar con la fusión con nuestra madre al salir de ella, en realidad da paso a otra forma de relación.

Esta vez nuestra supervivencia depende de esa mamá o en caso de que ella faltase, de alguien que nos cuide, nos alimente, nos calme, nos ayude a desarrollar ese sistema nervioso que aún está completándose. Es extraordinario el modo en el que para poder regularnos necesitamos otro sistema nervioso que haya desarrollado esa capacidad.  Conectar para vivir es un imperativo biológico.

El desarrollo de seres humanos capaces de tener regulación emocional con capacidad para co- regularse con otros seres humanos, dependerá de la clase y la calidad de la atención que reciban de sus padres. Los patrones de conexión emocional que lleguen a desarrollar, serán el resultado de los que sus padres puedan tener. Padres con traumas no resueltos, con tristezas no gestionadas, con estrés no regulado,  pueden llegar a resultar impredecibles para los niños.

Niños que crecen con padres en un escenario inestable, en el que los cambios de humor impredecibles forman parte de la dinámica habitual, incorporan la falta de regulación y, a su vez, en el caso de que lleguen a tener hijos, eso no resuelto pasará a ellos.

Para los niños, lo que es bueno es que su entorno sea confiable, que quienes les cuidan sean capaces de formar una relación contenedora en la que puedan sentir que sus necesidades serán reconocidas y satisfechas de un modo consistente. Eso le dará sentido a su mundo y podrán aprender de sus cuidadores la forma de regularse emocionalmente al espejear la forma de regulación de esos adultos. Progenitores confiablemente tranquilos, confiablemente disponibles, confiablemente sensibles a las necesidades del niño y proveedores igualmente confiables.

Esto no siempre es posible, seamos realistas, la desregulación formará parte del escenario y esto se debe a que como adultos a nosotros mismos nos falta toda esa confiabilidad y desconocemos nuestras habilidades de regulación emocional naturales.

Ese estrés no regulado que vibramos aunque disimulemos lo mejor que podamos, es captado por los sistemas nerviosos de otros y afecta de forma enorme a nuestras relaciones en cualquier área de nuestra vida.  Es contagioso.

Por eso, aprender sobre este punto, dar pasos hacía la obtención de esa regulación es algo que lleva  a muchas personas a la consulta de un terapeuta, cuyas cualidades serán la tranquilidad, la presencia, la sensibilidad, la disponibilidad… En definitiva, eso ayudara a la persona a tener un espacio en el que su información interna pueda organizarse de un modo que tenga sentido, recuperar un estado de seguridad, puede que consuelo y un significado alineado con su verdad interna.

Terapia es dar cuidado.  En ese espacio de seguridad y conexión puede desarrollarse esa capacidad de autorregulación que no se pudo obtener en la niñez.

La neuroplasticidad está de nuestro lado. “Nunca es tarde para tener una infancia feliz” es una afirmación que se confirma, día tras día, en la consulta. Para nuestro sistema nervioso no hay imposibles, me atrevo a decir que incluso tiene “ganas” de recuperar su natural elasticidad y volver a un estado flexible y relajado.

Es maravilloso presenciar la ruptura de esa cadena de tristeza, trauma y perturbaciones que ya no pasarán de padres a hijos. Que podamos llevar a todas nuestras relaciones esa amabilidad, esa disponibilidad recuperada, crea un mundo diferente, el que necesitamos nosotros mismos, el que necesitan nuestros niños, el que necesitamos todos.

Porque vivir en activación constante, con una carga de estrés en el cuerpo no liberada y que se mostrará, cuando menos lo esperamos, en forma de explosiones emocionales, es algo que tiene solución.

No tener tiempo para explorar formas de regulación y aprender sobre ello, es en sí mismo una señal de que no tenemos claras nuestras necesidades, ni nuestras prioridades. Esto sin duda es “hacernos luz de gas” a nosotros mismos, algo que como imaginarás hemos aprendido siendo niños, cuyas necesidades de conexión real pasaron a segundo plano para poder atender más bien los estados impredecibles de los adultos cuidadores.

En lugar de correr para sobrevivir, en lugar de correr de nosotros mismos y vivir de forma permanente en un estado de lucha interna que, incluso en el ocio o el “descanso”, suena como una canción de fondo, existe la opción de CONECTAR PARA VIVIR. Curiosamente es el imperativo biológico con el que nacemos y es lo que olvidamos.

Esto solo es un compartir amable, un recordatorio de que es en la conexión con uno mismo y con los demás donde se produce regulación.

Yo hoy lanzo una invitación, paremos un instante y conectemos para sentir que vivimos.

Vivir es ser. Ser es todo lo que anhelamos.

 

Rocío Palacios

Constelaciones Familiares · Encuentros Clases online · Seminarios · Sesiones · Viajes al silencio. Al servicio de que encuentres tu alineación con la Fuente y escuches el Amor como tu único Guía

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